jueves, 28 de diciembre de 2017

Recogido en el silencio de la noche

Recogido en el silencio de la noche
pienso en ti
y quisiera dedicarte una canción
pero no lo haré

No debemos romper el silencio de la noche
pues sin él
quizá no pensaría en ti de esta manera
y al llegar el momento
de escribirte la canción
y de cantarla
mi voz y mi palabra
no serían diáfanas y exactas

Quiero respetar el silencio de la noche
para verte más clara
dibujada en la luz de las palabras
que nacen de mi noche silenciosa

Recogido en el silencio de la noche
pienso en ti
en ti que eres mi luz y mi palabra
en ti que iluminas mis recuerdos y mis sueños
en ti que solo existes en la noche silenciosa

No debemos romper el silencio de la noche
pues sin él
no existirías.

Recogido en el silencio de la noche
pienso en ti
en tu luz y en mis palabras

Recogido en el silencio de la noche
pienso en ti
en ti que eres mi luz y mi palabra
en ti que iluminas mis recuerdos y mis sueños
en ti que solo existes en la noche silenciosa.

Jordi Rueda

sábado, 23 de diciembre de 2017

A veces desamar es un presagio

A veces no conviene amar ni ser amado
cuando amas imposibles,
o te aman quienes tratan
de hacer de ti lo que no eres,
sin dar respiro ni a tu orgullo.

Otras veces conviene desamar lo amado,
cuando ya has entregado tus enigmas,
o nada nuevo hallas
en quien crees que aún amas.

Entonces, esas veces,  convendrá
dejar que desfallezcan los afectos,
sin batallas ni rencores,
si es posible.

Siempre duele un desamor,
se dice,
pero siempre o casi siempre
te llevará de vuelta a tu persona.

Entonces, solo entonces,
podrás amar de nuevo.

Desamar es un presagio,
muchas veces,
de otro amor,
un amor que nacerá,
si nace,
de tu limpia y avivada libertad.




viernes, 22 de diciembre de 2017

Ella leía

Ella leía
movía los labios
la fantasía agitaba su interior. 
Un mohín...
qué inquietos, qué lindos labios.
Si yo fuera parte de sus fantasías,
la besaría.



martes, 19 de diciembre de 2017

Has olvidado el pintalabios en mi mesa de trabajo

Hay una curiosa asamblea en mi escritorio.
Ahí está mi cámara, un bolígrafo,
un teclado y su ratón 
y, algo hacia atrás, la pantalla del ordenador.
También está tu pintalabios violeta
y tu pulsera de piedrecillas de colores,
esa que yo digo que parece de una niña.
Hay dos bolígrafos más y un lápiz que no sé que pintan
ni qué quieren escribir estando ahí. El teclado es más rápido.
Una funda de gafas, lápices en un vaso, un abrecartas,
(estoy pensado en que sí que podría pintar algo
o manchar el papel, herramientas no me faltan),
tres libretas de colores,
varios blocs de espiral.
Hay dos teléfonos fijos. Un teléfono móvil
(podría llamar a alguien, a ti, por ejemplo,
para preguntarte si lo del pintalabios
es un descuido intencionado para recordarme
que tus labios son voluptuosos, sensuales, prominentes,
inquietos e inquietantes…).
Está tu tablet, en su funda,
te la habrás olvidado,
siempre olvidas algo con tus prisas.
También, junto a un teléfono, hay dos tarjetas,
la de un fontanero (sí, convendría cambiar la pila del lavabo)
y otra de un abogado
(¿vas a llamar a un abogado para tramitar tu divorcio, 
o sea el mío, es decir, el de ambos?)
Está bien.
Sabes que estaré de acuerdo
en que nos divorciemos de mutuo acuerdo,
lo que no entiendo es para qué quieres llamar al fontanero
¿acaso esperas que sea yo el que se vaya de casa?
No me jodas, nena, que trasladar todos los libros
y los discos…
con todas las notas que pegué en cada uno de ellos
(ya sabes que hace tres años que descubrí la utilidad del pósit).

También tengo en la mesa
una hoja escrita a mano
que dice… Ay, no, no quiero releerla,
es un apunte sentimental,
me enternece.
Qué cosas escribo a veces, menos mal, 
menos mal que rompo muchas notas.
Ah, hay una tuya, donde te recuerdas que deberías
llamar al señor Clodio ¿quién es ese?
¿Por qué dejas tus notas en mi mesa?
Como esas tres que has pegado en la pantalla del ordenador…
diciendo que no debería interesarme en muchachas jovencitas.
Con un poco de ironía me repites, me repites, 
que hice ayer el ridi en el supermercado.
Me dijiste allí,
después de comprar tus yogures de soja desnatados,
que no estaba bien que echara el ojo de modo descarado
a aquella veinteañera que iba con su madre 
empujando el carro lleno...
Pero es que fuimos los dos a la vez quienes cruzamos las miradas
Y las retuvimos. Y tu al vernos te pusiste celosilla…
Que ya no tengo edad 
para jugar al coqueteo con muchachitas
como si su impulsiva vanidad fuera conmigo,
y aun menos, aun menos, aun menos, con su madre al lado...
¡qué vergüenza!
Por suerte viste el jueguecito desde el área de lácteos,
algo lejos
(por cierto, mientras tanto hablabas sonriente con un calvo
¿da para ligar eso de admirarse ante la abundante oferta de yogures?)
De reojo, digo yo, verías que ella, su mamá y yo 
andábamos por la zona de conservas de pescado
sin cruzar palabra.
Estando algo más cerca no hubieras imaginado tantas cosas.

A mi no me turbó que su mamá se diera cuenta
de que los ojos de su hija se clavaban en los míos.
Solo eran miradas… aunque no sé qué pensaría
cuando la joven se echó atrás la chaqueta
y exhibió con tierna voluptuosidad el perfil de su cuerpo
(no sé si viste eso, mejor si no fue así, te irritaría).
Tal vez la mamá le echó un sermón después,
aunque si la chica tiene la personalidad que le supongo,
una reprimenda hará que se interese más por mí.
Pero yo solo la miraba, era bonita. No te sientas celosa.
No quiero que sufras por mis pequeños coqueteos.
Además, al supermercado solo voy si voy contigo.
Por cierto, si vas tu sola y ves al calvo de los yogures,
deberías evitar esa sonrisa tuya más que amable…
Y ese  fontanero… me has de decir para qué tienes su tarjeta…
y por qué te olvidas tantas cosas en mi mesa de trabajo,
que empieza a no ser grande si la ocupamos los dos, 

pero ¿sabes?
Podrías comprar un pintalabios protector y transparente
y olvidarlo más a menudo.
Podría tomártelo prestado para proteger mis labios resecos
(¡hace tanto que no nos damos besos húmedos!)
pero no me atrevo con el violeta.

Aunque ¡ja ja! se me ocurre una travesura:
me los pintaré y cuando llegues
y entres en casa sin mirarme apenas,
como siempre,
te llenaré de besos las mejillas.
Sé que no me darás tiempo a llevarte hasta el espejo
para que veas en tu cara las huellas moradas de mi boca.
Te encenderás como solo mi pasión puede encenderte…
Me abrazarás y tal vez me empujes al sofá…

Ay, qué rico ese arrebato.
Habrá que preparar la cena. La cena, sí.
Esperemos un poco. 
¡Qué relajo!

No te olvides otra vez el pintalabios en mi mesa
¿De veras quieres que tramitemos el divorcio?
¿Quién te ha dado la tarjeta de ese abogado?
¿Hay algún tipo que te gusta por ahí fuera?
¿No será amigo tuyo el fontanero?
¿Vas a ligarte al calvo?
No he vuelto a ver a la veinteañera del supermercado.
Era bonita.
Si sigues besándome en el pecho,
no pondré la mesa…
Amor mío, ya cenaremos más tarde.

Si mañana te olvidas otra vez el pintalabios en mi mesa,
tardaremos mucho tiempo en divorciarnos.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Una canción celeste

Fue una canción celeste ¿recuerdas?
Éramos deseo y la música
nos convirtió al amor.

Mírame y cierra después los ojos.
Yo te besaré en los párpados,
sentiré la calidez de tus ensueños
y abrazaré el delirio
de habitar los campos de tu mente,
ubérrimos.

En silencio, yo también
imaginaré un paraíso para ti.
Después te tomaré la mano
y al oído
te diré el secreto para entrar en él:
recordar aquella celeste melodía
a la vez que la recuerdo yo.

Me hallaré, entonces, en tu cielo
y tú en el mío,
entregados uno a otro
y uno y otro al infinito.
Y cada día, cada noche y cada día,
escucharemos nuevamente la canción
que llevó nuestra pasión
a la armonía.











lunes, 11 de diciembre de 2017

Tu piel

Tú te quitas la ropa
para estar conmigo,
para hacerme sentir tu piel,
cálida y dulce, 
para hacerme sentir lo que tú sientes.

Yo me desnudo de mí mismo
para que apenas me percibas,
para que goces por entero de ti misma
y para que mañana,
después, quizá, del olvido,
sigas sintiendo tu piel toda
cuando de nuevo te desnudes
como ahora.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Los bocados y los besos

Las cosas buenas te reciben con amor
si eres capaz de dejarte enamorar por ellas,
de improviso.

Son como emociones entresoñadas
que te agasajan en tus horas de pausa,
sin aviso,
como si las merecieras,
como si hubieras estado siempre enamorado
de esas cosas.

Así, las aguas finas y los vinos vivos.
Y los besos.
Así, unas sopas de ajo en días fríos,
berenjenas a la brasa, aceite y pan.
Y los besos
Así, las alubias pochas (con guindilla),
las lentejas salteadas
y los besos,
Así, los dulces postres y los besos dulces.
Así, las castañas confitadas o tostadas
y las nueces que partes una a una, sin premura,
y otra vez los besos.

Así, un revuelto de trigueros, entre besos,
o unas papas hervidas, con su piel arrugadita,
son bocados gloriosos
para quienes saborean la gloria sin remilgos.

Esa gloria es pasajera como el beso,
como las glorias todas, más o menos,
pero queda en la memoria de los labios
la vivencia,
pues los labios que han vivido buenas cosas,
los que no tienen prisa cuando son felices,
los que degustan con calma deleitosa
los bocados y los besos,
nunca olvidan.

martes, 5 de diciembre de 2017

Palomitas de maíz

(Escrito originalmente a finales marzo. Véanse las posdatas).

Tuve una amante, novia, esposa,
que gustaba de ir al cine a comer palomitas.
Casi nunca me imponía la película a ver,
pero sí las palomitas, que hacía crujir
entre sus hermosos dientes
que lucía al girarse hacía mí
sonriéndome, no sé si por cariño
o para exhibir el placer que le causaba 
verme obligado a aceptar esas cositas suyas.
Era una muchacha esbelta y bella
que cuidaba su figura y, para ello,
su alimentación:
poca sal y poco azúcar.
Pero en el cine se sentía precisada
de tener en el regazo un envase de palomitas
y a veces, al lado, una bebida de soda.
Le daba lo mismo que acabáramos de salir
de un restaurante.
Nada más entrar al recinto del cine
se iba a la barra en que expendían las golosinas
y pedía palomitas,
— Deme el tamaño grande.
Y se giraba hacia mí.
— Son cinco euros, churri. ¿Tú no quieres?
— No, acabamos de comer.

También tuve otra novia
que pedía palomitas en el cine
y a veces la merienda y todo.
Pero ella, además, escogía las películas
y le gustaban las de acción
y gozaba viéndolas en esos cines de butacas anchísimas
para repantigarse o hasta sentarse en posición de loto.
Ahí, con los filmes de sonora acción
(la secuela de ‘Matrix’ la vimos cuatro veces,
aunque yo nunca acabé de entenderla)
apenas se escuchaba el crujir de las palomitas
y he de reconocer que yo también comía,
porque íbamos a la segunda sesión,
esa que echan a la hora del aperitivo vespertino.
Creo que lo de las palomitas es un vicio,
a veces divertido, como hacerlas en casa en la sartén.
Y en el cine, cuando las películas son incoherentes,
ayudan a pasar el rato. Con esa sal, 
a la salida apetece más tomarse una copa de cava.

El otro día fui al cine con una amiga que me dijo
— Vamos al Comedia, nos cae cerca
y allí no hay palomitas,
no tendremos que soportar crujidos ni sorbetones
y podremos escuchar mejor la película.
Me pareció estupenda la propuesta de mi amiga encantadora.
Fuimos y disfrutamos de la película.
Había poca gente y era respetuosa. Con los teléfonos mudos,
como debe ser.

Lo malo fue al día siguiente, cuando leímos que ese cine
cerrará a fin de año.

Los tiempos cambian, es natural, 
pero alguien en esta ciudad debería elaborar
una lista de cines donde no se comieran
demasiadas palomitas.
Tendré que seguir recurriendo a mi adorable amiga.
Cuando salimos del cine el otro día
también nos fuimos a tomar una copa de cava
que nos supo muy bien;
mejor, seguramente, 
que si hubiéramos masticado palomitas.

Jordi Rueda

Posdata:  Un par de meses después hemos sabido que la cadena de cines Yelmo se hará cargo del Comedia. Es de celebrar, aunque ¿venderán palomitas?
Posdata segunda: Efectivamente, en noviembre de 2017, el antiguo Comedia alberga ya varias salas de los Cines Yelmo. Son muy confortables. Y en la taquilla expenden palomitas.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

El legado de los sueños perdidos

Dar paso al olvido, da paso el futuro. 
Caen sueños dorados. No los toquemos, dejemos que el viento se los lleve y que se difundan en la tarde otoñal.
Dueños de su despedida, se van luciendo sus últimas imágenes de belleza, dejando el camino limpio a otros sueños.
Nos legan su olvido para que el nuestro dé paso al futuro.
Jordi Rueda

lunes, 27 de noviembre de 2017

Efímero beso

Un beso efímero y cierto
embriaga el pensamiento.

Hay bocas que tienen alma
y el alma encuentra su igual
al darse toda en un beso.

Unos labios forasteros
al sentirse como propios,
alivian la incertidumbre
que envuelve al conocimiento.

El misterio se desvela
y sigue siendo misterio
en la embriaguez de un beso,
un beso efímero y cierto
¡tan efímero y tan cierto!

miércoles, 22 de noviembre de 2017

¿De qué color era tu pelo?

Aquellas tardes grises de un lejano invierno fueron el marco de algunos encuentros impetuosos y breves. 

Contra todo pronóstico, la llegada de la primavera sembró de conocimiento nuestra relación. La luz revelaba que no estábamos hechos el uno para el otro. 

Ella guardará, tal vez, un recuerdo vago de mí, desvaído como el que yo tengo de ella. Ambos, no obstante, atesoramos enseñanzas imperecederas sobre el amor y el deseo o, en buen orden, sobre el amor, el deseo, la pasión y el desamor. Hay horas grises que perviven como lecciones. 

El amor se sabe, el desamor se aprende. 

Gracias, maestra. 

¿De qué color era tu pelo? Te lo teñías ¿verdad? 

Jordi Rueda

lunes, 20 de noviembre de 2017

El bienestar


El bienestar puede ser un poco de sol a media tarde, dos cafés para acompañar una conversación y, por si esta se prolonga, un cubo con hielo a punto para recibir una botella.
El bienestar estriba, más que en estar organizado, en ser capaz de improvisar los buenos momentos.

Jordi Rueda

domingo, 19 de noviembre de 2017

ODIO/oído

OÍDO/odio
Desnudo/desnuda   
Aditsev/deshabillé
Buena/malo
Parlera/taciturno
Tuerto/ciega
Alegre/etsirt
Greale/tetris
Escuchado/odahcucsE
Visto/otsiV
Muerto/Vivo
           
Jordi/idroj 
Rueda/adeur

sábado, 18 de noviembre de 2017

Primero fue la fantasía

Cuando un hombre primitivo pudo saciar el hambre con un pedazo de carne del gran animal que había apresado el día anterior y no tuvo necesidad de salir a cazar, aprovechó el primer momento de ocio de su vida para llenar su cabeza de imágenes que no había visto nunca. Así empezó la inteligencia.

Todo lo que los humanos somos lo debemos a haber desarrollado una gran capacidad para las fantasías. De ellas nacen las ideas de las que se derivan los grandes descubrimientos que han cambiado el mundo.

De noche, así, junto al fuego del hogar, viendo la danza sugerente de las llamas, sentimos la fascinación de los prehistóricos, aquellos que aprendieron a hablar para poder contar lo que llenaba su imaginación.


Jordi Rueda


martes, 14 de noviembre de 2017

He subido al gris desván de la memoria

He subido al gris desván de la memoria
para tratar de encontrar algún indicio
de vida intemporal en el olvido.
Pero solo he visto olvido en el olvido.
y no me he atrevido a rebuscar en él,
había mucho polvo
y ese polvo me hubiera impedido respirar.

He bajado luego al negro sótano
donde se desangra el corazón doliente.
Buscaba alguna señal de perfección
en ese sacrificio.
He prendido una vela
y su llama solo me ha dejado ver mi mano
rodeada de oscuridad.
He sentido la miseria, la miseria animal
de la escasez de luz y de color.
No he visto el corazón.

He soplado la llama
y al disiparse el olor del humo de la mecha,
he experimentado por fin la perfección,
el vacío absoluto.

Envuelto en la noción de estricta oscuridad
he inferido que tal vez después,
después del último después,
eso será todo.

Mientras tanto, ni desván ni sótano.
Ni casa siquiera. Caminos y horizontes.
Lo que, en verdad, no es poco.

Jordi Rueda

viernes, 10 de noviembre de 2017

Cansado de penumbras

Cansado de penumbras,
mis penumbras,
he bajado sin linterna a la cueva del tesoro.
A tientas, gateando y sorteando estalagmitas,
he buscado el cofre de la luz sin éxito.
Después he llegado a un río y en su lecho
me he dejado llevar por la corriente.
Sé que puedo ahogarme,
pero no puedo volver,
no puedo recordar siquiera
el lugar de dónde vengo.

Si el río me lleva hasta el sol de una salida,
saltaré del agua agradecido en cuanto salga.
Me quitaré las ropas allí fuera 
y las pondré a secar.

Desnudo, al sol,
sentiré otra vez 
mi escasa claridad interna,
mis penumbras,
y buscaré en mis pensamientos la boca de otra cueva
donde adentrarme para tratar de descubrir 
el tesoro de mi luz.

Jordi Rueda

lunes, 6 de noviembre de 2017

La tempestad

Pasan hojas secas
y algunas ramas rotas
por el río,
río abajo.

Desaparecen casi todas las huellas
de la tempestad.
mientras una calma absurda
envuelve nuestros cuerpos
aun temblorosos.

Hemos perdido la casa y el huerto
y parece que estamos sin nada,
pero no es así: tenemos miedo y rabia.

El miedo nos alertará de nuevos peligros
y la rabia nos librará de la indolencia.

Tomaremos pronto un camino,
el que nos lleve a otras llanuras de sensatez.
Allí encontraremos donde parar.

Construiremos entonces una casa nueva,
que mantendremos limpia y ordenada
para gozar en paz de la fecundidad de las ideas.

Hasta que nos sorprenda la próxima tempestad.

Jordi Rueda