jueves, 19 de octubre de 2017

Coquí

Los coquíes vuelven a cantar en las noches de Puerto Rico. Los huracanes acabaron con miles de ellos, pero su canto vuelve a ser un signo de esperanza en una isla completamente devastada. Co-quí, co-quí…

lunes, 16 de octubre de 2017

El desorden vital

Cuando se aproxima, otoño tras otoño, al día en que celebramos a los muertos, el de Todos los Santos, echas la vista atrás y te das cuenta de que casi siempre has bebido vino de la misma bodega, de que te has acostado con la misma mujer casi todas las noches, de que has creído en un único dios y de que has sido ciudadano de un solo país.

Tratas de figurarte, entonces, que tienes 25 años,  que cambias a menudo de vino, que eres infiel, que apostatas y que te largas a otra parte, sin rumbo. Cavilas que si hubieras hecho todo eso hubieras sido feliz.  Pero en realidad, a los 25,  te aficionaste a un solo vino, te echaste una novia con la que, al poco, te desposaste, dejaste las prácticas religiosas pero sin descreer del llamado dios y tus viajes fueron solo turísticos, rebañegos. Y así has pasado otros 25 años.


Cuando se aproxima, cada otoño, el Día de Todos los Santos, te das cuenta de que aun tienes que empezar a vivir de verdad. Necesitas degustar el caos antes de que sea demasiado tarde… pero qué tremenda flojera te entra cuando lo imaginas. Tal vez… tal vez cuando llegue la primavera.


El caos promete vida y aventura, pero hay que tener arrestos para adentrarse en él.

viernes, 13 de octubre de 2017

Espejismo

Las nubes descansan sobre los rascacielos. 

Lentamente oscurece. 

Muchas ventanas se iluminan.

Las farolas, abajo, también.


En el crepúsculo urbano

entre los edificios sombríos, 

irrumpe un espejismo: 

tú.

 

Siempre fuiste un espejismo.

Como ahora.

miércoles, 11 de octubre de 2017

96




¿Recuerdas, querida, aquellas tardes de verano?
Las pasábamos juntos, nos mirábamos a los ojos, de cerca o a media distancia.
Tomábamos té caliente para combatir el calor.
Después nos echábamos en la cama y nos abrazábamos hasta sudar el té.
Otras veces templábamos o nos recostábamos el uno en el otro. Cambiábamos las posturas… era muy agradable.

No he vivido momentos más dulces en toda mi vida como los que compartí contigo en aquellas tardes de verano del 96 en que mi cabeza descansaba a ratos sobre la almohadita velluda de tu pubis. Suave.
Pero ha pasado el tiempo y ahora ya no es lo mismo. Te afeitas… y tu pubis pincha.

                                                                                                                           
                                                                                                                 Jordi Rueda                                                                                     

martes, 10 de octubre de 2017

Me gustabas mucho más entonces

Me gusta esa muchacha esbelta.
Se ha sentado a mi mesa, en la terraza.
y ha encendido un cigarrillo.
Me deleito en sus gestos
y me admira, como siempre,
su elegante modo de cruzar las piernas.

Pero me gustaba mucho más antaño,
cuando no había móviles,
porque ahora no hay manera, no hay manera,
de encontrarle una mirada.

Está atenta a la pantalla,
encorvada sobre su luz artificiosa
cuando escribe,
su torso ya no es grácil
No parece airosa como entonces.

Hace un rato que quiero ver las niñas se sus ojos
y mirarla sonriendo para que le brillen,
como en tiempos.
Pero ella sigue atenta a la pantalla,
atenta a la pantalla,
Cada vez más encorvada.

Me gustaba más aquella muchacha que fumaba
cuando no había móviles
y podíamos cruzar miradas, sonreírnos
y hasta puede que tomar otro café,
o dos más,
charlando.

Así nos conocimos una tarde.
Sus ojos reían en los míos
y mis ojos reían en los suyos.
Nos hicimos aliados entre risas,
y muy buenos amigos.

Pero ahora se ha echado un amante
que no la hace reír apenas,
que ilumina malamente sus facciones,
robándole belleza.

Es triste ver a una mujer garbosa así, 
encorvada sobre un amante que no la hace reír.

Me gustabas mucho más entonces.

Jordi Rueda

sábado, 7 de octubre de 2017

Volveremos a vernos

En tu mirada de miel
hay dos soles pequeños, 
cada vez más pequeños,
Son compañeros del ocaso
pero aún despiden
pequeñísimos destellos de luz finita.
Poco a poco, empero,
se visten de penumbra,
y ocultan su dulzura.

Tus ojos se convierten en ausencia,
los míos en olvido.

No estamos hechos, ahora,
el uno para el otro.

Quizá una noche,
vacíos de recuerdos,
con un poco de neón en las pupilas,
volveremos a encontrar el deseo que nos debemos
en ti o en mi, en él o en ella.

En algún rincón de los ojos
de personas sin pasado,
como nosotros,
volveremos a vernos.