jueves, 1 de diciembre de 2016

L'única mar?

Hi ha una barca buida
surant a la deriva
en una mar esquitxada pels blancs i grisos
de milers de petits núvols
de núvols gairebé tristos
que naveguen per l'aire
a la recerca de la seva dissolució
en aigua.

Els ramats de núvols se sostenen també en una deriva.

I nosaltres?
nosaltres som ara una barca que descansa a la deriva
perquè la mar que acull núvols quasi tristos
i deixa que surin les barques buides
és també la nostra mar

l'única mar?

domingo, 27 de noviembre de 2016

Has olvidado el pintalabios en mi mesa de trabajo

Hay una curiosa asamblea en mi escritorio.
Ahí está mi cámara, un bolígrafo,
un teclado y su ratón 
y, algo hacia atrás,
la pantalla del ordenador.
También está tu pintalabios violeta
y tu pulsera de piedrecillas de colores,
esa que yo digo que parece de una niña.
Hay dos bolígrafos más y un lápiz que no sé que pintan
ni qué quieren escribir estando ahí. El teclado es más rápido.
Una funda de gafas, lápices en un vaso
(estoy pensado en que sí que podría pintar algo
o manchar el papel, herramientas no me faltan),
tres libretas de colores,
varios blocs de espiral.
Hay dos teléfonos fijos. Un teléfono móvil
(podría llamar a alguien, a ti, por ejemplo,
para preguntarte si lo del pintalabios
es un descuido intencionado para recordarme
que tus labios son voluptuosos, sensuales, prominentes,
inquietos e inquietantes…).
Está tu tablet, en su funda,
te la habrás olvidado,
siempre olvidas algo con tus prisas.
También, junto a un teléfono, hay dos tarjetas,
la de un fontanero (sí, convendría cambiar la pila del lavabo)
y otra de un abogado
(¿vas a llamar a un abogado para tramitar tu divorcio, 
o sea el mío, es decir, el de ambos?)
Está bien.
Sabes que estaré de acuerdo
en que nos divorciemos de mutuo acuerdo,
lo que no entiendo es para qué quieres llamar al fontanero
¿acaso esperas que sea yo el que se vaya de casa?
No me jodas, nena, que trasladar todos los libros
y los discos…
con todas las notas pegadas que tengo en cada uno de ellos
(ya sabes que hace tres años que descubrí la utilidad del posit).

También tengo en la mesa
una hoja medio escrita a mano
que dice… Ay, no, no quiero releerla,
es un apunte sentimental,
me enternece.
Qué cosas escribo a veces, menos mal, 
menos mal que rompo muchas notas.
Ah, hay una tuya, donde te recuerdas que deberías
llamar al señor Clodio ¿quién es ese?
¿Por qué dejas tus notas en mi mesa?
Como esas tres que has pegado en la pantalla del ordenador…
diciendo que no debería interesarme en muchachas jovencitas.
Con un poco de ironía me repites, me repites, me repites,
que hice ayer el ridi en el supermercado.
Me dijiste allí,
después de comprar tus yogures de soja desnatados,
que no estaba bien que echara el ojo de modo descarado
a aquella veinteañera que iba con su madre 
empujando el carro lleno...
Pero es que fuimos los dos a la vez quienes cruzamos las miradas
Y las retuvimos. Y tu al vernos te pusiste celosilla…
Que ya no tengo edad 
para jugar al coqueteo con jovencitas 
como si su impulsiva vanidad fuera conmigo,
y aun menos, aun menos, aun menos, con su madre al lado...
¡qué vergüenza!
Por suerte viste el jueguecito desde el área de lácteos,
algo lejos
(por cierto, mientras tanto hablabas sonriente con un calvo
¿da para ligar eso de admirarse ante la abundante oferta de yogures?)
De reojo, digo yo, verías que ella, su mamá y yo 
andábamos por la zona de conservas de pescado
sin cruzar palabra.
Estando algo más cerca no hubieras imaginado tantas cosas.

A mi no me turbó que su mamá se diera cuenta
de que los ojos de su hija se clavaban en los míos.
Solo eran miradas… aunque no sé qué pensaría
cuando la joven se echó atrás la chaqueta
y exhibió con tierna voluptuosidad el perfil de su cuerpo
(no sé si viste eso, mejor si no fue así, te irritaría).
Tal vez la mamá le echó un sermón después,
pero si la chica tiene la personalidad que le supongo,
una reprimenda hará que se interese más por mí.
Pero yo solo la miraba, era bonita. No te sientas celosa.
No quiero que sufras por mis pequeños coqueteos.
Además, al supermercado solo voy si voy contigo.
Por cierto, si vas tu sola y ves al calvo de los yogures,
deberías evitar esa sonrisa tuya más que amable…
Y ese  fontanero… me has de decir para qué tienes su tarjeta…
y por qué te olvidas tantas cosas en mi mesa de trabajo,
que empieza a no ser grande si la ocupamos los dos, 

pero ¿sabes?
Podrías comprar un pintalabios protector y transparente
y olvidarlo más a menudo.
Podría proteger mis labios resecos
(¡hace tanto que no nos damos besos húmedos!)
pero no me atrevo con el violeta.

Aunque ¡ja ja! se me ocurre una travesura:
me los pintaré y cuando llegues
y entres en casa sin mirarme apenas,
como siempre,
te llenaré de besos las mejillas.
Sé que no me darás tiempo a llevarte hasta el espejo
para que veas en tu cara las huellas moradas de mi boca.
Te encenderás como solo mi pasión puede encenderte…
Me abrazarás y tal vez me empujes al sofá…

Ay, qué rico ese arrebato.
Habrá que preparar la cena. La cena, sí.
Esperemos un poco. 
¡Qué relajo!

No te olvides otra vez el pintalabios en mi mesa
¿De veras quieres que tramitemos el divorcio?
¿Quién te ha dado la tarjeta de ese abogado?
¿Hay algún tipo que te gusta por ahí fuera?
¿No será amigo tuyo el fontanero?
¿Vas a ligarte al calvo?
No he vuelto a ver a la veinteañera del supermercado.
Era bonita.
Si sigues besándome en el pecho,
no pondré la mesa…
Amor mío, ya cenaremos más tarde.

Si mañana te olvidas otra vez el pintalabios en mi mesa,
tardaremos mucho tiempo en divorciarnos.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Som aigua?

L'aigua rellisca per la vela de plàstic transparent del bar 
a on prenem cafè i parlem.
ve dels núvols i va a l'empedrat que la filtra
cap a una fondària invisible.
Som  aigua?

domingo, 20 de noviembre de 2016

La única duda que no tengo

Cuando la verdad te decepciona,
cosa esta que acontece con frecuencia,
asoma divertida la mentira
que asalta fácilmente tu conciencia.

Tomarla y recrearla siempre excita.
La puedes vestir o desvestir
tal como quieras
o dejarla con déshabillé,
bien atractiva.

Pero si te entusiasmas
y te acuestas con ella
buscando amor y fama,
lo más fácil es que caigas de la cama.
Y el suelo casi siempre es duro.

La duda en cambio es una gran señora
que te envuelve en la sensualidad del gris
con elegancia
y te despierta siempre delicadas fantasías.
Yo amo a la duda.

La duda es fiel a tu cabeza.
Desnuda tus verdades
y envuelve a las mentiras en sofismas
para hacerlas algo más encantadoras,
excitando sin cesar el pensamiento.

Nunca te caes.
Con la duda siempre flotas.
Es generosa en proponer paseos
y si te lleva al huerto
es que trata de mostrarte 
las aristas cortantes de lo cierto.

Amo a la duda.
Siento por ella un amor que me enamora.
Si la deseo, suaviza los hervores de mi mente
Es capaz de prender la luz tras un mal sueño
o de abrigarme cuando siento frío intenso.

La duda me entusiasma y me relaja.
Me pone en el camino de ser dueño
de todo cuanto pienso.
La duda nunca falla.

Yo sé que mi amor por ella es interesado,
pero ella y yo somos leales compañeros.
Incluso cuando estoy enamorado 
de muy obvias verdades
o de esbeltas mentiras seductoras,
ella está también conmigo
y yo cuento con ella 
en esos líos
de duplas y de tríos.

Amo a la duda,
esa es la única duda que no tengo.



sábado, 19 de noviembre de 2016

lunes, 14 de noviembre de 2016

La más bella

Aquel que deshoja margaritas porque sí
comete crímenes de lesa flor.

El que lo hace como yo,
cantando síes y noes
en pétalos que no arranca,
se tortura un poco más
por hacer la cuenta bien.

Pero mi tormento, el verdadero,
es ella, la más bella,
la que no me dice que si,
la que no me dice que no.
La que ha llenado su casa de jarrones
y de pequeños búcaros,
todos luciendo margaritas
u otras flores parecidas.

No quiero ser un criminal
No quiero matar flores
No quiero deshojar las margaritas,
prefiero que ella, la más bella,
las deje morir con lentitud
como mueren los adornos vivos, todos,
como se ajan las facciones de las bellas.

No voy a deshojar la margarita,
No quiero ser un criminal.
Qué tontería,
si es que en realidad quiero que me diga que no.
No soportaría una vida compartida,
día a día,
con sus flores muriendo en los jarrones
colocados en todos los rincones de la casa,
de su casa,
de su ordenada casa.
Incluso en la cocina
hay florecillas,
en una cocina que no huele a nada.

Esa mujer que no abre el apetito,
bella sin olor,
tiene siempre margaritas en su casa.
y ya me ha confesado
que nunca ha deshojado una.

Margarita, así se llama también ella,
es hermosa, perfecta
narcisista,
la más bella,
y su cocina no huele a nada.

Y pensar que me enamoré de Margarita
por el clavel que llevaba en el pelo
aquella noche.

Aquel clavel olía y era rojo
y más tarde su cuerpo
bañado en mi sudor
también olía a hembra
pero solo fue una noche
y en mi casa.
Allí no había flores que deshojar
y fuimos al grano.

Aquí, en la suya, que es más grande
y más cómoda
tardaríamos demasiado en ser felices.

Aunque ahora yo ya no tengo casa…
Me quedaré unos días más. Con ella,
la más bella,
por si nos apañamos.