lunes, 28 de diciembre de 2015

La crida del silenci

En les teves ribes i en les del camí
s'abracen enigmes i certeses
que sempre estan amb tu.

És un plaer caminar i caminar
sense prendre dreceres
i arribar fins al final de sendes
que s'obren a altres sendes misterioses.

Però si sents la crida del silenci
i que els marges s'esborren
pot ser que hagis pres la via
que et porta a conèixer
el darrer i hermètic misteri:
la insondable harmonia del silenci.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Te sorprenderás

Te sorprenderás, como siempre, ante las pequeñas cosas,
cosas que no son difíciles de ver
pero que solo admiran a las personas sabias,
esas personas que descubren universos cada vez que abren los ojos.

La vida cambia a cada instante.
Como tú.

Jordi Rueda

lunes, 30 de noviembre de 2015

Llegará otro abril

Llegará otro abril
La noche se hará breve
y el sol derramará
sus incontables lágrimas de luz
sobre las cosas
para que demos nombre a la mañana
y para que podamos ver claro el horizonte
pronto, más pronto cada día

Se fundirá la escarcha
y las flores despuntarán
encaramándose en el aire,
luciendo su armonía.

Es amable la mañana
y parece que el cielo es nuestro.
Hay flores llenas de luz
que se han adueñado de tus ojos.

¿Ves aquellas dos, las más crecidas?
Una eres tú.
¿Te reconoces?
Y la otra…
la otra no soy yo.

Jordi Rueda

sábado, 28 de noviembre de 2015

Am/Ol

Ámame
Ámame
Ámame
Ámame
Ámame
Ámame
Ámame
OLVÍDAME
Olvídame
Olvídame
Olvídame
Olvídame
Olvídame
Olvídame
Olvídame
Olv
O

Jor… R…



jueves, 26 de noviembre de 2015

Mírame / Finge

Mírame con toda tu mirada.
Como yo te he mirado, con todo mi cuerpo.
A lo ojos. Con luz.

Abrázame.
Estoy quieto. Deslumbrado. Entregado. Fingiendo.

Abrázame con la fuerza de mi deseo.
Abrázame como si tu deseo fuera el mío.

Desnúdame.
Desnúdame como si me hubieras amado siempre
Desnúdame como yo te he desnudado... con pausas.
Finge, no es necesaria la sinceridad.

Haz que parezca amor... 
amor fingido, como el verdadero amor.

Gózame.
Gózame como si fuera la primera vez.
Gózame como yo te gozo, como si fuera la última vez.

Finge, finge tu locura.
Finge, finge tu vértigo. 
Desmáyate.

Estos momentos únicos permanecerán para siempre
en el aire. En nosotros.
En la historia etérea de la humanidad. Imborrables.

Te amo.

Jamás dos desconocidos se amaron tanto.
Despierta. No me mires. No finjas. Vístete. 
Vámonos. Adiós.

Jordi Rueda

sábado, 21 de noviembre de 2015

Yo creo

Yo creo
¿Yo creo?
Creo en los dictados del aire
Creo en los dictados de la luz
Creo en los dictados de las musas
¿Las musas?
¿Qué musas?
¿Los dictados?
¿Qué dictados?
Los dictados divinos
¿Divinos? ¿Divinos como Dalí?
No. Divinos, mandatos de la eternidad.
Ah, la eternidad, eso sí.
Yo soy eterno en mi cerebro infinito.
Creo en la inmensidad de mi cerebro
o quizá en que mi cerebro forma parte de una inmensidad
¿La inmensidad y la eternidad existen o son conceptos?
No creo en los conceptos. O creo que no creo en ellos.
Creía en la duda, pero ahorita no creo en nada. 
Eso creo.
¿En nada? La nada no existe. Solo es un concepto.
¿La nada no existe?
¡Claro que existe! Mientras haya cosas existirá la nada.
Eso parece razonable:
las cosas pequeñas son pequeñas porque existen las cosas grandes.
Y si hay cosas finitas existirá la infinitud
Y si existe ¿existe? la muerte es porque existe la vida.
Y pienso  que mi cerebro es inmenso, infinito y tal vez inmortal.
¿Eso crees?
No lo creo, lo siento. Y siento porque pienso.
O sea: lo pienso.
Mi cerebro existe porque pienso.
Pensar es ser, estar, vivir. O eso pienso…
Pero también lo crees.
No sé.
Hasta hace un rato creía que solo creía en la duda.
¿Y crees ahora que crees en algo mas?
Tal vez en mi cerebro. Lo diré así:
creo en mi cerebro sobre todas las creencias y sobre todas las dudas.

Pero seguiré creyendo en la duda,
si no dudara… no tendría cerebro.
O eso creo.


Jordi Rueda

martes, 17 de noviembre de 2015

Impulsos

Andar. Mirar. Ver. Conocer. Saber. Pasar.

Gozar.

Ver. Conocer. Saber. Gozar ¿Pasar?

Ver
Conocer
Saber
Gozar
Pasar
Olvidar.

Ver. Mirar. Imaginar. Parar. Seguir.

Recordar
Mirar
¿Gozar?
Seguir.
Andar.
Parar
Descansar. Soñar.

Ir ¿Ir?
Andar
Morir ¿Morir?
Morir

Nacer. Andar. Mirar. Ver. Conocer. ¿Comprender?

Saber.

Andar. Mirar. Cantar. Aprender.

Decir.

Callar. Andar. Mirar. Ver. Sorprenderse. Sonreír. Parar. Seguir. Morir.  Nacer.

Vivir  Decir.

Impulsos

Jordi Rueda

domingo, 15 de noviembre de 2015

Son días de llamar a la tristeza

Cuando el sufrimiento
seca los ojos por completo
porque ya no hay nada
por lo que llorar
conviene convocar a la tristeza.

Abrázame, tristeza,
devuélveme el presente 
que el dolor se ha llevado,
empápame en mi llanto
en mi propio llanto.

Bésame, tristeza,
y deja que mi aliento
se mezcle con tu aliento
y que tus labios fríos
despierten a los míos.

Abrígame, tristeza,
guárdame del mal,
del eterno mal
de no tener presente
de no tener presente.

Acúname, tristeza,
méceme entre lágrimas
de sal amarga
que aviven mi sed,
mi sed de ser mío.

No me dejes, tristeza,
necesito tu abrazo,
tus labios, tu aliento…
Sin ti no habría tiempo.
No habría alegría.

Jordi Rueda

sábado, 7 de noviembre de 2015

Llevabas un vestido negro

Llevabas un vestido negro, ceñido,
y el perfil de tu cuerpo
era el dueño del espacio
de la boîte.

A menudo he recordado tu vestido.
Su tacto amable era una trampa
para las yemas de mis dedos,
que del centro de tu espalda
viajaban al contorno de tus nalgas
sin poderse despegar.

Bailamos. Slow.
Tu pelo en mi mejilla.
‘You Belong To My Heart’.
Bailamos.
Tu vestido negro y mi camisa blanca se empataron.

En la calle nos envolvió una dulce humedad estival
El puerto estaba cerca, caminamos.
Tu boca se hizo azúcar en la mía de sal.

Levanté tu vestido, lo arrugué.
Tus manos hurgaron en mi pecho
a la vez que en el agua flotaban chispas
que parecían emerger de un sueño.
Luna nueva. Noche oscura. Carne.

Lentamente abotonaste mi camisa.
Alisé tu vestido. Te tomé de la cintura.
Una pasarela de madera nos llevó de vuelta
entre ondas invisibles y algunos besos de sal.

Pero no puedo pensar más en tu vestido negro
ni en ninguno de ese color.
La prueba epicutánea ha sido concluyente:
soy alérgico a la parafenilenodiamina,
un derivado incoloro del benceno
que actúa de primario intermediario
en tintes oscuros. Es decir,
debo evitar las prendas negras, todas.

¡Qué bella estabas con aquel vestido!




viernes, 30 de octubre de 2015

Un confuso indicio

Mis ensueños a menudo
me llevan a una casa
con grandes ventanales
mirando al infinito.

Mis ensueños se quedan otras veces en un cuarto,
con mesa de madera, algunos libros, Bach,
algún papel en blanco,
un lápiz:
por si preciso anotar algo o dibujarlo
mientras siento la luz solar por compañía,
del alba hasta el ocaso.

¿Para qué quiero una casa y ese cuarto 
en este ensueño?
¿Para estar solo, confortablemente solo?
¿Para escuchar el viento?
¿Para escuchar algunos sones viejos,
sintiendo al mismo tiempo mi silencio
que se funde con música y silencios?
¿Para pensar mi silencio en armonía
con todos los silencios?

No sé… y no sé si me olvido
de que una casa es un refugio
pero es también una antesala confortable
para esperar la llamada de la muerte.
Y no debo olvidarme de que aquellos que salimos a su encuentro,
al encuentro de la muerte, un día y otro día,
estamos vivos… por eso,
únicamente.

¿Para qué una casa… habiendo tantas casas,
si puedo visitar muchas de ellas,
gozarlas como huésped? me pregunto.
Tal vez estoy cansado
y el cansancio
es un confuso indicio
del final del camino hacia la muerte.

martes, 27 de octubre de 2015

Tardor / Otoño

Aquests dies plou sovint.
Quan escampa, però, és possible gaudir dels colors suaus i dels tons delicats de la tardor 
Es dauren les fulles dels til·lers, a poc a poc, dia a dia,
i quan el vent les bressola semblen plenes de joia, com si la seva decadència anés acompanyada del més gran dels plaers.
Torna la pluja

Estos días llueve a menudo
pero cuando escampa es posible disfrutar de los colores suaves y los tonos delicados del otoño
Se doran las hojas de los tilos, poco a poco, día a día,
y cuando el viento las mece parecen alegrarse, como si su decadencia fuera acompañada del mayor de los placeres.
Vuelve a llover

viernes, 23 de octubre de 2015

La llamada del silencio

En tus orillas y en las del camino
se abrazan enigmas y certezas
que siempre están contigo
y en tu vida y en la vida.

Es un placer andar y andar
y llegar hasta el final de sendas
que se abren a otras sendas misteriosas.

Pero si sientes la llamada del silencio
y que los márgenes se borran
puede ser que hayas tomado
el camino que te lleva hasta el postrer 
y hermético misterio:
la insondable armonía del silencio.

Jordi Rueda

martes, 20 de octubre de 2015

Somos agua y nos helamos

Si se pudiera congelar el fuego
guardaría tus llamas y mis llamas
juntas, bien mezcladas,
quizá en la cubitera roja
la del hielo de las grandes ocasiones.

Si tuviera nuestro fuego congelado
en las noches largas del otoño y del invierno
tomaría un cubito con la boca
para dejar resbalar la lumbre roja
por las comisuras de mis labios,
gota a gota...
como si pudiera verterlas en tu cuerpo ausente 

Si pudiera congelar el fuego,
no te soñaría cada día en malas horas
ni sentiría tu presencia despiadadamente hermosa
vagando por la jaula perversa de mi mente.

Eres agua y yo soy agua, 
somos agua 
que no soporta el frío intenso sin helarse.
¡Maldito sea el frío! 

Necesito ser fuego algunas veces
para librarme de la nadas vaporosas
que llenan de escarcha mi cerebro.

Necesito ser fuego para templar mi cuerpo
y convertir en humo a mis fantasmas.


lunes, 12 de octubre de 2015

La tristeza

Cuando el sufrimiento
seca los ojos por completo
porque ya no hay nada
por lo que llorar
conviene convocar a la tristeza.

Abrázame, tristeza,
devuélveme el presente 
que el dolor se ha llevado,
empápame en mi llanto
en mi propio llanto.

Bésame, tristeza,
y deja que mi aliento
se mezcle con tu aliento
y que tus labios fríos
despierten a los míos.

Abrígame, tristeza,
guárdame del mal,
del eterno mal
de no tener presente
de no tener presente.

Acúname, tristeza,
méceme entre lágrimas
de sal amarga
que aviven mi sed,
mi sed de ser mío.

No me dejes, tristeza,
necesito tu abrazo,
tus labios, tu aliento…
Sin ti no habría tiempo.
No habría alegría.

Jordi Rueda

martes, 6 de octubre de 2015

El gris de cada tarde


Foto: Jordi Rueda.
Cuando el aire recorta
tu figura tan leve y silenciosa
y todo el candor de tu hermosura
se difunde en la tarde casi oscura
no te alejas:
es como si te fueras
por la puerta de la noche
efímera antesala de otro encuentro
y siempre dejaras entreabiertas
mis ansias de mirarte.

Y volverás mañana
y casi esperaremos, abrazados,
el instante suave en que te marchas
por lo concisa y clara como queda,
recortada en el gris de cada tarde,
tu figura tan leve y silenciosa.




lunes, 28 de septiembre de 2015

Tus manos

En las mañanas, a veces,
mis ojos miran a tus manos.

Me gusta mirar tus manos:
tus manos quietas,
y también cuando las alzas
con arte de bailaora
para dibujar ensueños
en las luces de la aurora

Cuando las mañanas frías
me gusta sentir tus manos
entre las mías:
que su calidez despeje
el horizonte del día

Tus manos blancas
como tu risa
Tus manos limpias
como tus ojos
Tus manos francas
entre las mías.
Tus manos quiero
todos los días

domingo, 27 de septiembre de 2015

Interrogante

Interrogante:
Por un instante
estás distante
¿dónde está el dueño
de tu emoción?

Interrogante:
sigues ausente
tus ojos brillan
¿dónde está el sueño
de tu pasión?

Interrogante:
Eres constante
No lo eras antes
¿qué te cambió?

sábado, 26 de septiembre de 2015

Tu nombre

Me gusta tanto tu nombre
que no me atrevo a decirlo
al cantarte mi canción

Tu nombre es una palabra
y en mis palabras no encuentro
palabras para tu nombre

Mudo estoy para llamarte
pero si me das un beso
tal vez recobre la voz

Y aunque no diga tu nombre
te pediré que me beses
otra vez y más de dos

Quizá después, abrazados,
bastará con susurrar
algunos nombres de estrellas
que no sabemos nombrar

jueves, 17 de septiembre de 2015

Fábula número 7

Esa morena es esbelta y sus facciones son como de fina porcelana, pero no atina a sonreír.
Siendo niña, cuando supo aquello que nunca hubiera querido saber: que había otras niñas en su calle y en su cole tan lindas como ella, se le cayeron para siempre las comisuras de los labios.

La conocí en uno de mis sueños estrambóticos, cuando ella ya tenía media melena que descansaba sobre sus hombros blancos que asomaban de los anchos tirantes de su vestidito de flores, y la llevé a conocer el mundo de los conejitos sabios.
Le expliqué que aquellos conejos eran felices viviendo en un territorio sin gatos ni tigres ni cazadores, pero no solo por ello… que una cosa es la seguridad y otra la felicidad, aquellos conejos eran felices porque habían creado, injerto tras injerto, las zanahorias de colores, de todos los colores.

La satisfacción de haber creado zanahorias que alternaban el color zanahoria de las zanahorias con el morado de los higos, el azul de amapola azul, el verde oliva picual, el negro azabache, el rosa pimienta rosa, el dorado pepitas de oro, el gris arena gris, el amarillo de carne de papa negra, el negro aceituna de Aragón... les hizo felices para siempre y siempre tenían las orejas levantadas, sin tensión… dulcemente empinadas.
Eran felices a casi todas horas, pero a menudo no lo parecían, simulaban estar enfadados, discutían entre ellos; los conejos creadores de las zanahorias de colores dudaban de las medidas que tomaban contra las invasiones de ratas los conejos administradores de medidas antirratas… pero nunca agachaban las orejas y regresaban a la plena felicidad en cuanto miraban a sus campos sembrados, porque sabían que la tierra estaba llena de colores gracias a su esfuerzo creador y se sentían dichosos y sabios.

En su vida real, la morena, poco a poco, día tras día, año tras año, aprendió a enderezar las comisuras de sus labios. Después de haber accedido al puesto de dependienta en La Taranta, una tienda de castañuelas atendida por personal de chispeantes sonrisas, consiguió aparentar que era una garbosa vendedora de castañuelas.
Pero pese a su esfuerzo y a la amabilidad natural del resto de los integrantes de la plantilla, las castañuelas iban dejando de tener demanda: se jubiló el viejo pintor que las decoraba con oficio de artista impresionista y que en pocas pinceladas dejaba en su piel de madera atractivas bailaoras de colores. La venta de castañuelas sin pintar era muy baja y ya no hacían falta las sonrisas forzadas de los dependientes en una tienda que acabó por convertirse en tienda online de castañuelas negras y lisas que solo despachaban por correo bajo pedido confirmado y pagado.

La morena seguía sin sonreír con naturalidad, pero tenía un tipazo… y se hizo camarera/modelo de camisetas aparentemente húmedas o mojadas en una sala de fiestas que operaba como discoteca retro y que era frecuentada por rubias (teñidas) gorditas, gordas y medio gorditas, que sonreían siempre a los hombres que, por un momento, dejaban de admirar a la camarera morena de la camiseta mojada que apenas sonreía pero que tenía siempre los pezones tiesos cuando servía los combinados de moda (yintónics de ginebra de Mahón, a la sazón).
Había un gordita de moderados michelines que tenía un sonreír amable, generoso y dulce. La vi aquella tarde/noche de otoño en que, pasado el caluroso verano, todavía vestía con manga corta y mostraba unos brazos color paja bien torneados, suficientemente fuertes para un primer abrazo apasionado…
Nunca me hubiera fijado en aquella rubia como me fijé en ese momento… con el desdén de un hombre sobrado de sueños poblados de hermosas mujeres de largas melenas de negro azabache que, por fin, había encontrado, tras la barra de una disco retro, a aquella niña sin sonrisa a la que había tratado de instruir en la felicidad a través de un viaje por el país de los conejos inventores de las zanahorias de colores esperando que un día se le alzaran las comisuras de los labios al igual que se erguían los pezones de aquella camarera bajo la camiseta húmeda, la esbelta camarera que servía yintonics a las rubias gorditas que la miraban a los ojos y los a hombres que solo tenían ojos para sus tetas.
Le pedí yo también un yintonic. Me lo sirvió. Pero, ay, la ginebra era de garrafa… Eso me jodió. Olvidé mis sueños. Olvidé sus pezones. Miré a la rubia gordita y ella me sonrió… y yo también a ella. Nos brillaron lo ojos. La tomé por la cintura, apreté su michelín. Nos empatamos.
Y aquel otoño fue el más feliz de mi vida.


Nota: La rubia y yo nos casamos. Ahora no somos tan felices, pero seguimos deseándonos un día a la semana, generalmente los sábados. De la morena de mis sueños no me había acordado más, pero resulta que trabaja en el servicio de Atención al Cliente de una compañía de telefonía y me llamó el otro día para venderme un terminal o una tableta o una línea extra o...  Oh. La morena. Adiviné que seguía sin saber sonreír. No le compré nada.


domingo, 13 de septiembre de 2015

Siesta de verano


















La siesta larga de las tardes verano
es conveniente para el cuerpo y el cerebro.
En días de calor intenso nos exime
de tener que soltar maldiciones al bochorno

Las siestas de verano son como un acceso al limbo
para huir del calor que nos asfixia.

En las siestas de verano bullen sueños.
Son, a veces, las siestas más lúcidas del año:
conservamos la inquietud estando quietos
y trocamos el sopor en un empeño:
renovar el magín con las imágenes
que nacen en el breve sueño.

viernes, 11 de septiembre de 2015

domingo, 9 de agosto de 2015

Ella


Ahora que se desvanece la pasión en tu mirada
ahora que ya no te importa que te tenga entre mis brazos
ahora que si me miras no me sientes...
ahora ya puedo decírtelo:
Yo nunca quise a nadie como a ella
y siempre que soñé, soñé con ella
si te esperaba a ti, la esperaba a ella
y no sufrí por ti, sufrí por ella

Ella fue para mí
la luz en el sueño
la esperanza de mi vida
agua en la sed
calor en el frío
y luz en la noche

Yo siempre te abracé pensando en ella
si alguna vez lloré, lloré por ella
todas mis efusiones eran con ella
y siempre que sentí, sentí por ella

Ella fue para mí
la luz en el sueño
la esperanza de mi vida
agua en la sed
calor en el frío
y luz en la noche

Jordi Rueda

viernes, 31 de julio de 2015

Memoria del deseo

Una sucesión de evocaciones
acompaña nuestro encuentro:
los dos juntos vivimos buenos momentos.
Ïbamos a comprar a la misma hora
a las tiendas de legumbres del barrio,
y allí charlábamos.
Una vez fuimos juntos a la heladería,
yo iba a buscar horchata fresca y recién hecha
y tú también querías llevarte una botella.
Me invitaste a un helado.
Paseamos.
Al llegar a nuestras respectivas casas, 
las horchatas estaban calientes.
Era verano y ambos éramos fuego.
Al día siguiente, otro helado. Invité yo. 
La vainilla y el chocolate resbalaban por las comisuras de tus labios
y los míos.
En el parque, al anochecer, tras aquel árbol… Éramos fuego.
Llegó el otoño, el invierno… y éramos fuego, aun.
Al año siguiente... la vida pasaba lenta. Éramos brasa.
El calor era dulce, pero la brasa necesitaba ser aventada.
Se consumió.
Pavesas.
Es un paréntesis. Hasta pronto. Te quiero.

Aquellos momentos fueron tan voluptuosos,
tan felices,  
que, ansiosos y con avaricia infantil,
los gastamos por completo y no dejamos nada al porvenir,
ni ambiciones, ni apetitos, ni esperanzas.

Hoy, de nuevo juntos, compartimos recuerdos, pero no sueños.
Y sin sueños dijo un duende cabrón
el presente es todo asfixia.
Nos queda, eso sí,
la memoria del deseo que ambos sentimos,
pero esa humedad que nace ahora en nuestros vientres
lubrica solamente a un refrán viejo:
Nunca segundas partes fueron buenas

Jordi Rueda

miércoles, 29 de julio de 2015

domingo, 12 de julio de 2015

Los aburridos

Miran, pero no ven
Oyen, pero no comprenden
Hablan, pero no dicen
Abrazan, pero no aman
Duermen, pero no sueñan
Trabajan, pero no producen 
Cantan, pero no emocionan
Besan, pero no saborean la miel de los labios que besan
Viven, pero no lo saben.


Jordi Rueda

miércoles, 8 de julio de 2015

Eras espuma

Eras espuma
Estaba entre brumas
cuando te vi.

Eras de plata
Eras mar y cielo
Eras agua y luz
Y tu luz amiga
se adueñó de mí

Fue solo un instante
pero eras espuma
de plata y de luz
salí de la bruma
y me entregué a ti.

Fue solo un instante
pero aquel instante 
nunca tendrá fin

Jordi Rueda

Dos notas


Eran dos notas buscando su tempo
que se encontraron en una canción. 
Se acoplaron en las primeras estrofas,
surcaron ondulados versos
y hasta un coro de voces de colores
les respondía al entonar el estribillo.
Pero no, la canción terminaba.
Se confundieron, quisieron seguir...
Y ahora son dos notas perdidas, sin tempo.

Algún día recordarán aquella hermosa canción.
Lo bueno, si breve, dos veces bueno, dijo Gracián.

Jordi Rueda

domingo, 5 de julio de 2015

Uno, ni más ni menos

Quisiera ser uno más 
en la lista de los buenos
Si bien en la de los malos
quisiera ser uno menos.

A veces, ser uno más
en un mundo más sereno
lo siento como un anhelo.
Por eso cuando luchamos
por palmos más de terreno,
quisiera ser uno menos.

Pero no soy uno más.
Tampoco soy uno menos.
Soy uno, ni más ni menos.

Y si debo luchar, lucho
con los malos y los buenos,
para defender ser uno:
ni más que uno ni menos.

martes, 23 de junio de 2015

Te pintaste los labios para besar la carta que me estabas escribiendo

Te pintaste los labios para besar la carta que me estabas escribiendo.
Querido, dulce amigo:
Tengo tantas cosas que decirte… no hace ni dos minutos que estábamos hablando por teléfono, pero te añoro y me haces falta. Me cuesta explicarte con palabras lo que siento, si pudiera besarte como beso esta carta que te escribo, entenderías mejor lo que te digo.
Estoy nerviosa, este finde me iré con mi novio a una cabaña, aislada en la montaña,
Es un lugar bonito y sabes cómo quiero a ese muchacho… pero si pienso en que hoy es viernes y que hasta el lunes ya no hablaré contigo, me lleno de tristeza, me siento en la agonía…
Nunca había imaginado que podía desear a una persona tanto como a ti… ¡Como me gusta explorar los rincones de tu cuerpo, amado amante mío!
Quisiera abandonarme en tus brazos de por vida, dejar que me inundaras con tus besos y sentir cómo desvelas mis secretos, todos mis secretos.
Ya tengo que dejarte. Voy a llevar esta carta al correo para enviarla con urgencia, pero quiero reiterarte por escrito y sellando mis palabras con la huella de mis labios rojos (ya sé cuánto te gustan y como te gusta despintarlos con los tuyos), que anhelo con todo mi ser quedarme embarazada de ti antes de casarme. Si aceptas ¡ojalá! debemos apurarnos, porque queda poco tiempo para la boda. Después yo seré fiel a mi marido y aunque recordaré aquello que me dijiste cuando nos conocimos: que es más fácil seducir a una mujer que quiera mantener su matrimonio que a otra que tema perder su independencia, yo, una vez casada, no volveré a acostarme contigo, pero tendré conmigo el más bello recuerdo que puede tener una mujer de un hombre. Tuya siempre.
Te pintaste los labios para besar la carta que me estabas escribiendo. ¡Qué locura!

Jordi Rueda