Esta noche huérfana de estrellas
en que tu carne y mi carne, ya saciadas,
olvidan el deseo que las hizo poderosas,
no siento el desconsuelo de otras veces
ni aspiro a más delirios pasajeros.
Ahora sé que el infinito nos ampara
porque sabe que hemos sido suyos.
Qué lástima, no obstante, que no estemos seguros
de que sea el infinito de veras infinito,
aunque, sí, tienes razón,
ha sido nuestro una vez: es decir, siempre,
en esta noche huérfana de estrellas.
Jordi Rueda
Foto: © Jordi Rueda

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