martes, 20 de agosto de 2019

Eras espuma

Eras espuma
Estaba entre brumas
cuando te vi.

Eras de plata
Eras mar y cielo
Eras agua y luz
Y tu luz amiga
se adueñó de mí

Fue solo un instante
pero eras espuma
de plata y de luz
salí de la bruma
y me entregué a ti.

Fue solo un instante
pero aquel instante 
nunca tendrá fin.

-Jordi Rueda

sábado, 10 de agosto de 2019

Ella leía

Ella leía
movía los labios
algo agitaba su interior.

Un mohín...
Hermosos, inquietos labios...

En otras circunstancias hubiera deseado besarla.
(Quizá cuando ponga el punto en el libro, pensé).

Jordi Rueda

martes, 9 de julio de 2019

Huele a heno mojado

He leído un fragmento de un poema de Kerouac 
y me han dado ganas de aspirar el olor del heno mojado 
en un día de calor, 
bajo una lluvia de intermitente fuerza, 
capaz de devolver a la tierra la humedad 
que la tierra quiere entregar al aire. 

Tu cuerpo, en aquellos húmedos veranos, 
se envolvía con el mío en el olor a heno húmedo. 
La lluvia era fina y dulce 
y tu piel exhalaba un aroma de sal que, 
como el del heno, se avivaba bajo el orvallo. 

El poema de Kerouac no habla de olores:
y yo no comprendo por qué te deseo al leer 
que una "dorada hormiga veloz vuelve al heno 
extendiendo sus antenas a través del matorral del tiempo”
Tal vez me convenga leer a otro autor.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Melancolía ligera

Cuando la melancolía coquetea con nuestros pensamientos, nos brinda la oportunidad de abandonarnos un rato en ella y, así, deleitarnos en la desmayada belleza de las cosas que solo con su compañía percibimos.
Esa melancolía ligera es pica un poco y es generosa: no nos quiere en exclusiva y le gusta compartirnos a raticos con la alegría, a la que aprecia tanto como nosotros mismos. 
Solo detesta a la indiferencia, esa puerta del vacío. 
Foto: © Jordi Rueda

domingo, 18 de noviembre de 2018

Las ventanas

Lo más fascinante de una casa —aparte de las personas— son sus ventanas.
Siempre prometen vida.
Y si llueve y llueve sin parar, como estos días, despiertan la imaginación y hasta te dicen ¡hola!


Foto: © Jordi Rueda


viernes, 9 de noviembre de 2018

martes, 30 de octubre de 2018

Penúltima voluntad


Morir suavemente,
sin dolor, 
con la mirada en un mar calmo,
sintiendo en la cara su tenue soplo salado
mientras la luz, la última luz, 
olvida unos destellos
en las aguas.

Morir en un pausado atardecer 
donde el gris, cada vez más oscuro, 
suceda al luminoso azul,
lejanos los soles rojos
y ausentes las lunas blancas.

Morir despacio,
como se bebe un agradable vino blanco,
dejando desvanecer sus aromas.

Morir al morir el cielo, el mar y el aire,
suavemente, 
sorbo a sorbo...
Aunque sin apurar la copa:
el que ha vivido siempre deja algo.
Es ley de vida. O de muerte.

Jordi Rueda 
(26/10/14)