domingo, 6 de noviembre de 2016

Tot és silenci a l'infinit

De vegades la vida es fa dura i espinosa.
De vegades és difícil acoblar-se
i afinar la teva veu amb la dels altres.

Tenim un amic, però,
a qui ja no li cal emprendre cada dia
la tasca feixuga de ser bo,
ni complir l'exigència de fer el bé
ni sentir les àrdues alegries
o les tristors necessàries de la vida.

Tenim un amic que no sospita ja
com encara nosaltres sospitem
que la terra promesa no existeix.

Un amic alliberat del compromís
d'escoltar-nos i de dir-nos que tenim raó.

Per a nosaltres, ara,
hauria de ser fàcil de concebre
que tenim un amic que ja no espera
afinar la seva veu amb altres veus
perquè tot és silenci a l'infinit.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Fer vagues

Si jo hagues pogut seleccionar

quatre coses només per endur-me,
hauria agafat, en primer lloc,
el llibre que va escriure en Miguel de Cervantes
Don Quijote de la Mancha,
després formatge i pics de pa;
també, no m'ho voldria deixar,
un bocoi de vi de l'any,
si pot ser, de El Priorat
i, per fi, tota la música de Johann Sebastian Bach.

Pot ser que haguera fet malament,
puix un està somniant mentre viu
en gaudir d'unes vacances bones
 que mai pot arribar a fer 
i malgrat el poc prestigi,
potser cap,
que el treball ha tingut sempre
en la meva escala de valors de ser viu,
no vaig tenir temps, mai,
per a fer res més que treballar.

I ara, que estic traspassant ja la línia,
només em resta una enyorança:
no haver fet mai unes vagues
acompanyat del Quixot,
formatge i pa,
un bocoi de vi de l'any  
i la música de Bach.

martes, 25 de octubre de 2016

Escudella, el plato que permite repetir

Acabo de oír por la radio que se ha hecho una encuesta para saber cuál es el plato preferido de los catalanes y resulta que los votantes ha elegido la escudella i carn d’olla, lo que supone que los gustos no han cambiado respecto a los que imperaban hace décadas, si es que hemos de creernos los resultados de la encuesta.
Este cocido de dos vuelcos, ciertamente representativo de la cocina catalana, de norte a sur (en el sur se llama olla*, al igual que en Valencia), ha triunfado sobre el pan con tomate, lo que ya me ha sonado a chiste, puesto que el pan con tomate no es un plato, pero lo que ya me ha desternillado ha sido que un cocinero de relumbrón haya presentado a la confrontación un carpaccio de caracoles a la llauna con un gran éxito, o eso han dicho.
La verdad es que son muchos cocineros laureados o en busca de laureles que han perdido el sentido del ridículo, pero hay un público snob que les aplaude.
Olla barrejada del restaurante La Cassola, 
de Gratallops. © Jordi Rueda.

Plato de faves a la catalana servido en el restaurante El Felino, de Barcelona, 
dentro del menú del día.  © Jordi Rueda 
Yo amo la escudella desde niño. 
En mi casa la comíamos en invierno los jueves y el día de Navidad, preludiando al pollo relleno (de rovellons, prunes, piñones…).
Los restos de la carn d’olla, pasados por la sartén, eran el sumo placer de la cena.

Un siglo atrás, la gente acomodada comía la escudella a diario y también los domingos, algo más generosa en vianda. Si hay un plato que no cansa, que no satura el paladar, es la escudella. Repetir siempre es un placer, incluso sin apetito.

DIFÍCIL DE COMER EN BARCELONA

Ahora y desde hace muchos años, no resulta fácil encontrar escudella en los restaurantes de Barcelona. En Madrid sí es posible comer cocido a diario. A mi me gusta el de La Bola, en La Bola, 5, cerca de Ópera, o el lujoso de Lhardy (Carrera de San Jerónimo), entre otros que son considerables. 
Años ha, en Santiago de Compostela, un amigo y yo nos pasamos tres días tratando de enfrentarnos a un buen cocido gallego. Era otoño y final nos dimos por satisfechos con el que elaboraban habitualmente en una tasca cercana al Hospital General, aunque a mi amigo, compostelano él, no le entusiasmó. Cocido ubérrimo, memorable, el lebaniego que ofrece el Mesón del Oso, en Cosgaya, en el Valle de Liébana, Cantabria.

En Barcelona, y a partir de octubre, se encuentran algunas escudelles barrejades en los menús del día (de lunes a viernes) como primer plato, que suelen estar riquísimas, pero el segundo suele ser carne o pescado en distintas elaboraciones sencillas. Aunque también hay restaurantes que la tienen con carn d’olla, como reclamo de vez en cuando o incluso un día a la semana.
O sea, que me temo que citar la escudella i carn d'olla como plato preferido de los catalanes es pura teoría o mero postureo, respetando posibles casos de misterioso atavismo.
Yo, en mi caso particular, me inclino por las habas o faves a la catalana, que considero el mayor acierto gastronómico del Mediterráneo. Condimentadas sin excesos de grasa y con poca sal son mi plato de elección en toda época… y de segundo, cualquier cosa, pues ya nada puede superar la armonía de sabores de unas habas bien hechas. Y esto no es teoría. Lo juro por el alma que no le vendí al diablo.

Estoy empezando a sentir melancolía, en unos días le pondré remedio en una mesa pública de El Priorat.

J.R.

* La olla, en el sur de Cataluña, se sirve al comensal en un solo plato hondo, aunque cuando los pueblos celebran su fiesta mayor se concierte en cocido de dos vuelcos.


sábado, 22 de octubre de 2016

Son dulces las quimeras cuando la lluvia es dulce

Orvalla. Es otoño.
Se doran las hojas de la acacia
y avisan de su dulce decadencia.

 Las hojas morirán, pero no la acacia.

Nuestra pasión,
que era del color de las cerezas,
rojo sangre,
parece diluirse lentamente,
pero en tus facciones y en las mías,
bajo la caricia suave de la lluvia,
se asienta una amistad enamorada,
tranquila y limpia,
que no teme atravesar el tiempo.

Cruzaremos el invierno.
Las acacias, mientras tanto,
se vestirán de verde nuevamente,
preparando el estallido de sus flores,
rojas o blancas o amarillas,
ávidas de sol para lucirse.

Hay vida en los colores,
incluso en este gris que traspasamos.

Estamos empapados del orvallo
y se han pegado en nuestras ropas
muchas hojas doradas.
Son hojas muertas que se llevará el viento.

Nosotros, como la acacia, reverdeceremos.
Y vendrá, después, otro tiempo de cerezas.

Son dulces las quimeras cuando la lluvia es dulce.

viernes, 21 de octubre de 2016

Las palabras quedas no se las lleva el viento

El susurro es voz íntima.
Soplo cálido en la tarde fría,
manifiesta sin apremios un amor
que quiere perdurar. 

Anuncia besos,
acompaña besos
y el susurro mismo es como un beso. 

Su mensaje es más firme que el del grito. 

Hay sentimientos que llegan más adentro
si se dicen al oído, suavemente:
Te quiero, te deseo, te querré siempre,
por ejemplo. 

Las palabras quedas no se las lleva el viento.

martes, 18 de octubre de 2016

Con pausas

El grito es voz urgente.
Le sale fácilmente al que teme morir.
Grita también la gente apresurada
que huye de sí misma, de su miedo a vivir.
.
Tú dices amar la melodía.
Yo, la cadencia de un poema. 

Creo que nos entenderemos bien.
Con pausas.

domingo, 16 de octubre de 2016

El naranjo y la luna

 Los naranjos son árboles hermosos y elegantes.
Exhalan azahar en primavera,
un aroma que estimula nuestro cuerpo
gajo a gajo,
y algunas noches de otoño
sostienen una luna llena
encima de sus copas, 
siempre verdes.

Hay más enigmas en la luz que en la penumbra.