martes, 9 de febrero de 2016

Azahar

Viento. Azahar.
La luz de la tarde se desmaya sobre las llanuras verdinegras de naranjales.
La línea del horizonte engulle al sol y se inmola en la penumbra.
Casi no veo tus ojos, pero sé que brillan.
Azahar.
Casi no ves mis ojos, pero sabes que brillan.
Toma mi mano.
Las hojas de los naranjos se adormecen.
Refresca. Abrázame.

Somos una silueta en un claro moribundo del paisaje.
Una figura nacida en el azahar del aire y en la noche recién llegada.

Tu cuerpo cálido templa el mío al abrazarme.
Nuestra figura, una sola figura, huele a azahar,
a nuestro azahar que perfuma los campos dormidos.

Somos azahar.

Se despiertan las hojas de los naranjos. 
Se hace de día.
Vamos.
Ahora somos aroma y nos debemos al viento.
Que él nos lleve adonde quiera.

Jordi Rueda

domingo, 7 de febrero de 2016

No són ulls els ulls que no ploren



No són ulls els que no ploren,
no són ulls els que miren i no hi veuen,
els que no es commouen,
els ulls secs que no ajuden a lubricar
tots els racons del cervell.

Els ulls sense llàgrimes són ulls que no són ulls,
no brillen,
no estan tristos ni feliços, només estan secs
i els ulls no són ulls si no saben plorar.

Em fan mal els ulls quan fa temps que no ploro.

Jordi Rueda


sábado, 6 de febrero de 2016

Febrer

La neu jeu a la teulada
i l’aire fred no té gust de res

en els teus llavis, però,
hi ha emmirallat un bri de sol
i jo vull tastar-lo
per saber com és el tacte de la llum

que, si més no, un bes a l’hivern
és una certesa de vida encesa,
de vida que venç al fred.

Jordi Rueda

miércoles, 27 de enero de 2016

¡Guapo! ¡guapo!


Una muchacha gritó
¡Guapo! ¡guapo!
Y todas, todas, volvieron la cabeza.

Blau d’hivern


Ple de plata l’aire,
aquell blau d’hivern
era fet de mar
i era fet de cel
quan junts aplegàvem
delicats moments:
sota un núvol blanc
dolços petonets 
que es feien salats
en sentir carícies 
de mar i de vent.

Tots dos erem aigua,
erem aigua i cel
com el mar mateix.

Jordi Rueda

jueves, 21 de enero de 2016

Llovía en Châteauneuf-du-Pape

Aquella tarde en Châteauneuf-du-Pape
llovía.

Aquella tarde de invierno 
no había cielo sobre el aire gris
pero tus manos se acoplaron a las mías
y la ilusión centelleó en tus ojos.

El vino felizmente compartido
avivó los recuerdos
y los recuerdos despertaron los ensueños. 

Un vino espeso, 
un verano, 
nos espesaba la sangre
y la lluvia resbalaba
por el tiempo

La nostalgia entrecerró tus ojos,
y los míos,
pero la lluvia del invierno no es como la lluvia del verano.
El gris sucede al gris... 
y no hay remedio.

Aquella tarde de invierno
nos dimos algunos besos,
besos de sabor espeso
como el vino de otro tiempo.

Llovía en Châteauneuf-du-Pape
aquella tarde de invierno.


Jordi Rueda