domingo, 20 de noviembre de 2016

La única duda que no tengo

Cuando la verdad te decepciona,
cosa esta que acontece con frecuencia,
asoma divertida la mentira
que asalta fácilmente tu conciencia.

Tomarla y recrearla siempre excita.
La puedes vestir o desvestir
tal como quieras
o dejarla con déshabillé,
bien atractiva.

Pero si te entusiasmas
y te acuestas con ella
buscando amor y fama,
lo más fácil es que caigas de la cama.
Y el suelo casi siempre es duro.

La duda en cambio es una gran señora
que te envuelve en la sensualidad del gris
con elegancia
y te despierta siempre delicadas fantasías.
Yo amo a la duda.

La duda es fiel a tu cabeza.
Desnuda tus verdades
y envuelve a las mentiras en sofismas
para hacerlas algo más encantadoras,
excitando sin cesar el pensamiento.

Nunca te caes.
Con la duda siempre flotas.
Es generosa en proponer paseos
y si te lleva al huerto
es que trata de mostrarte 
las aristas cortantes de lo cierto.

Amo a la duda.
Siento por ella un amor que me enamora.
Si la deseo, suaviza los hervores de mi mente
Es capaz de prender la luz tras un mal sueño
o de abrigarme cuando siento frío intenso.

La duda me entusiasma y me relaja.
Me pone en el camino de ser dueño
de todo cuanto pienso.
La duda nunca falla.

Yo sé que mi amor por ella es interesado,
pero ella y yo somos leales compañeros.
Incluso cuando estoy enamorado 
de muy obvias verdades
o de esbeltas mentiras seductoras,
ella está también conmigo
y yo cuento con ella 
en esos líos
de duplas y de tríos.

Amo a la duda,
esa es la única duda que no tengo.



sábado, 19 de noviembre de 2016

martes, 15 de noviembre de 2016

En una nube

 
Ayer salimos al jardín a ver la luna,
la gran luna. 
  Hoy es ella la que mira entre las palmas
y no te ve. 

Estoy yo solo, pero siento que no me haces falta. 
La luna se ve hermosa y me seduce
mientras mi corazón se convierte en una nube.




lunes, 14 de noviembre de 2016

La más bella

Aquel que deshoja margaritas porque sí
comete crímenes de lesa flor.

El que lo hace como yo,
cantando síes y noes
en pétalos que no arranca,
se tortura un poco más
por hacer la cuenta bien.

Pero mi tormento, el verdadero,
es ella, la más bella,
la que no me dice que si,
la que no me dice que no.
La que ha llenado su casa de jarrones
y de pequeños búcaros,
todos luciendo margaritas
u otras flores parecidas.

No quiero ser un criminal
No quiero matar flores
No quiero deshojar las margaritas,
prefiero que ella, la más bella,
las deje morir con lentitud
como mueren los adornos vivos, todos,
como se ajan las facciones de las bellas.

No voy a deshojar la margarita,
No quiero ser un criminal.
Qué tontería,
si es que en realidad quiero que me diga que no.
No soportaría una vida compartida,
día a día,
con sus flores muriendo en los jarrones
colocados en todos los rincones de la casa,
de su casa,
de su ordenada casa.
Incluso en la cocina
hay florecillas,
en una cocina que no huele a nada.

Esa mujer que no abre el apetito,
bella sin olor,
tiene siempre margaritas en su casa.
y ya me ha confesado
que nunca ha deshojado una.

Margarita, así se llama también ella,
es hermosa, perfecta
narcisista,
la más bella,
y su cocina no huele a nada.

Y pensar que me enamoré de Margarita
por el clavel que llevaba en el pelo
aquella noche.

Aquel clavel olía y era rojo
y más tarde su cuerpo
bañado en mi sudor
también olía a hembra
pero solo fue una noche
y en mi casa.
Allí no había flores que deshojar
y fuimos al grano.

Aquí, en la suya, que es más grande
y más cómoda
tardaríamos demasiado en ser felices.

Aunque ahora yo ya no tengo casa…
Me quedaré unos días más. Con ella,
la más bella,
por si nos apañamos.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Me gustabas mucho más entonces

Me gusta esa muchacha esbelta.
Se ha sentado a una mesa, en la terraza.
y ha encendido un cigarrillo.
Me deleito en sus gestos
y me admira su manera de cruzar las piernas.

Pero me gustaba mucho más en otro tiempo,
cuando no había móviles
porque ahora no hay manera, no hay manera
de encontrarle una mirada.

Está atenta a la pantalla
y se encorva sobre su luz artificiosa
cuando escribe.
Su silueta ya no es grácil
No parece tan airosa como antes.

Hace un rato que quiero ver las niñas se sus ojos
y mirarla sonriendo para que le brillen,
como antaño.
Pero ella sigue atenta a la pantalla,
atenta a la pantalla,
Cada vez más encorvada.

Me gustaban más las muchachas que fumaban,
cuando no había móviles
y podíamos cruzar miradas, sonreírnos
y hasta puede que tomar otro café,
charlando.

Así nos conocimos una tarde.
Sus ojos reían en los míos
y mis ojos reían en los suyos.
Nos hicimos amigos
y, risa a risa, muy buenos amigos.

Pero ahora se ha echado un amante
que no la hace reír apenas,
que ilumina malamente sus facciones,
robándole belleza.

Es triste ver a una mujer garbosa así, 
encorvada sobre un amante que no la hace reír.

Me gustabas mucho más entonces.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Me hace rico

Siempre me han ido mal las cosas,
ni siquiera me han ido regular.
Yo siempre he sido pobre,
pobre de solemnidad.

Pobre hombre,
decía el panadero,
cuando me fiaba el pan.

¡Y tan joven…!
dice ahora su señora,
que no me fía ya.

Pero el día más pobre de mi vida
—iba soñando en pan—
la encontré.

Y desde entonces soy rico
—ya no echo en falta el pan—,
me enamoré.

Yo la adoro
me hace rico
tengo el oro
de su  pelo.
Tengo pico
para hablar
y su amor
para cantar.

Ahora no es que me vayan bien las cosas,
ni siquiera me marchan regular,
pero no me siento pobre,
pobre de solemnidad.

¡Vaya chico!
exclama la casera
cuando viene a cobrar.

Ya no es pobre,
se dice tan contenta,
aunque no voy a pagar.

Y es que en el día más pobre de mi vida
—iba con el pecho contraído
y los bolsillos vacíos—
la encontré.

Tanto ha cambiado mi suerte
que  no siento los bolsillos
y desde un henchido pecho
surge risueña mi voz:

Yo la adoro
me hace rico
tengo el oro
de su  pelo.
Tengo pico
para hablar
y su amor
para cantar.


martes, 8 de noviembre de 2016

Las piedras del camino


Mira que morirse un 6 de noviembre,
igual que en el setenta Agustín Lara,
otro flaco,
otro amante de la música, 
otro amante de sus amantes.

Los hombres apasionados aman a la música,
a la poesía y a las piedras del camino por igual.

Lara, como tantos, tantos flacos, amó mucho
y a menudo indebidamente
si es que hay amores indebidos
y se definió como cursi,
aunque, la verdad,
sin serlo en la medida en que juzgaron algunos.

Las casualidades no encierran mensajes
que deban ser leídos según razones ocultas
como quieren creer los que no se creen a sí mismos,
los que no saben navegar por su cerebro.

Yo, esperando un viento fuerte,
el que "me lleve a mi sitio", que decía León Felipe,
navego todos los días por el interior de mi cabeza.
Y esta noche he recalado en un puerto
donde estaba varado mi amigo Enrique,
el que se ha muerto un 6 de noviembre
como Agustín Lara,
y hemos empezado a conversar
sobre si es jodida o no la muerte.

¿Es jodida la muerte?
Es jodida, me ha respondido,
aunque sin convicción,
cosa rara en él.
Tal vez estaba dilucidando si es bueno
morir liberándose del dolor físico
y gozando, a la vez, 
de la intensidad emocional
que alentó su vida
hasta el último instante.

No es tan jodidale he dicho yo.
El que ha vivido y ha amado:
a la música, a las mujeres y a las piedras,
no muere nunca del todo
porque perduran sus afectos 
en las personas y en las cosas.

Hasta que esas cosas no desaparezcan,
es decir, mientras vivan las personas,
las músicas, del guanguancó a Bach,
y permanezcan las piedras en el camino,
uno no muere.

Tal vez no sea tan jodida la muerte,
ha contestado.
 Aunque se ha quedado pensativo.

(8-XI-2016)