domingo, 22 de marzo de 2015
sábado, 14 de marzo de 2015
Venceremos al invierno
Cuerpo
amado
Mente en deseo
Labios
de miel
Amor
callado
Pecho
batiente
Vientre
excitado
Luz
en la piel
Cuerpo
soñado
Tierra,
lluvia, árbol,
flores,
frutos,
plenitud.
Otoño.
Pertrechados
de amor
venceremos
al invierno.Jordi Rueda, 2012
jueves, 12 de marzo de 2015
Mañana
No olvidaré la sedosa dulzura de tu piel
ni la primavera entera de tus ojos
ni el húmedo deseo de tus labios
ni tu pecho inquieto
ni tu aliento.
No te olvidaré nunca,
te lo juro.
Aunque mañana será otro día.
Jordi Rueda
No te olvidaré nunca,
Jordi Rueda
lunes, 9 de marzo de 2015
viernes, 6 de marzo de 2015
domingo, 1 de marzo de 2015
Gabo cantaba boleros
Gabriel García Márquez amaba los boleros. Se dejó bigote para toda la vida llevado de su admiración por Bienvenido Granda el Bigote que canta, popularísimo vocalista de la Sonora Matancera. También los cantó en un local de París para conseguir unos francos con los que combatir el hambre, cuando el periódico bogotano para el que escribía dejó de pagarle, a finales de los años cincuenta.
Su devoción por Bienvenido Granda le llevó a convertirse en El Bigote que escribe. "En los momentos de su gran apogeo —relató Gabo— yo usaba el bigote muchísimo más grande y más poblado que ahora, y me llamaban los compañeros de trabajo El Bigote que escribe”. Después le conoció personalmente, en el Teatro Blanquita, de Ciudad de México, "y donde quiera que se presentara, lo seguía. Eran mis malos tiempos en México, cuando escribía 'Cien años de soledad".
Esa referencia, la de Granda, le ayudó a vencer su timidez para cantar en L’Escale, club nocturno parisino donde se reunían muchos latinoamericanos: “Tengo miedo a los micrófonos y a las cámaras de televisión como a los aviones, pero las necesidades obligan en la vida”.
Esas necesidades llevaron a García Márquez a experimentar un placer infinito "cuando en la oscuridad las parejas se amaban al idilio de un bolero". En momentos así, algo prodigioso se acompasa en el ánimo de los intérpretes de boleros, aliados musicales casi infalibles en las artes de la seducción desde hace más de un siglo.
La obra literaria de Gabo tiene también un compás seductor. Los boleros, como los vallenatos y la música parrandera que gustaba de cantar con amigos, tienen, seguramente, mucho que ver con la huella que han dejado sus textos.
Jordi Rueda, mayo de 2014.
Su devoción por Bienvenido Granda le llevó a convertirse en El Bigote que escribe. "En los momentos de su gran apogeo —relató Gabo— yo usaba el bigote muchísimo más grande y más poblado que ahora, y me llamaban los compañeros de trabajo El Bigote que escribe”. Después le conoció personalmente, en el Teatro Blanquita, de Ciudad de México, "y donde quiera que se presentara, lo seguía. Eran mis malos tiempos en México, cuando escribía 'Cien años de soledad".
Esa referencia, la de Granda, le ayudó a vencer su timidez para cantar en L’Escale, club nocturno parisino donde se reunían muchos latinoamericanos: “Tengo miedo a los micrófonos y a las cámaras de televisión como a los aviones, pero las necesidades obligan en la vida”.
Esas necesidades llevaron a García Márquez a experimentar un placer infinito "cuando en la oscuridad las parejas se amaban al idilio de un bolero". En momentos así, algo prodigioso se acompasa en el ánimo de los intérpretes de boleros, aliados musicales casi infalibles en las artes de la seducción desde hace más de un siglo.
La obra literaria de Gabo tiene también un compás seductor. Los boleros, como los vallenatos y la música parrandera que gustaba de cantar con amigos, tienen, seguramente, mucho que ver con la huella que han dejado sus textos.
Jordi Rueda, mayo de 2014.
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