miércoles, 22 de julio de 2020

No intento ser exacto

Hoy me hubiera gustado decir
que he cantado a la primavera,
que he visto en cada una de sus lluvias
gotas tratando de anidar
en las miradas de Laura, de Silvia y de Marcela
esas niñas de mi vecindario
que se ilusionan ante cualquier cosa
y que algunas veces lloran
para embellecer sus ojos,
igual que mi querida Carmencita,
quien, además, gusta así de enternecerme.

Me hubiera gustado decir
que los campos reverdecidos
conducen al olvido a las nostalgias
heladas por el invierno.
O que el humor de los ciegos ha cambiado
porque el frío no les hiere
y en el aire hay aromas de rosas.

Me hubiera gustado decir
que lo mejor de las primaveras
cuando llegan y se instalan
contorneando nuestras vidas,
es que todas ellas, todas, son de todos.

Hubiera querido decir
muchas cosas de la primavera,
pero ahora ya es julio, veintitrés,
pleno verano,
y no es lo mismo escribir de los recuerdos
que narrar la vida en el momento
preciso en que acontece.
No me vale argüir que la perspectiva
mejora la visión de las cosas. No intento ser exacto.

Me gustaría poder decir
que en algunas primaveras
he cantado a la vida con lirismo
sin usar los recursos mal trillados de los cursis.
Porque no es lo mismo hablar del tiempo cuando llueve
que hablar de un tiempo en que llovía.

Estamos en verano, que no es época de recordar
ni siquiera los últimos rotundos estornudos 
de los alérgicos a esos pólenes
que tratan de ser vida
y se defienden del esmog
con más fuerza que nosotros, los humanos.
En julio, veintitrés, hace mucho calor para mí
y no puedo refrescarme en la lectura
de unos cantos que quedaron por cantar.

No tengo más remedio, en este instante,
después de escribir de lo no escrito,
que esperar al otoño,
esa delicada estación que nos arropa
con el manto bellamente urdido
por las hojas doradas de la fugacidad.



miércoles, 15 de julio de 2020

Qué lejos y qué cerca

Tan lejos y tan cerca
en un momento.

Qué lejos y qué cerca 
 velando en la noche tu sueño.

Tu piel tan tersa
tu dormir inquieto
tu cuerpo agitado

Qué lejos y qué cerca
en un momento
 teniéndote al lado.

Toda la noche velando tu sueño
sintiendo el latir de tu pecho
y allí la persiana
que golpea el viento
un viento cercano
mientras otro viento
trata de llevarte
a un lugar arcano.

Qué lejos y qué cerca
en un momento
teniéndote al lado.

¿Qué sueñas, amiga?
¿De quién es tu sueño?

No temas, querida.
Yo sé que los sueños
nunca tienen dueño
y cuando despiertes
estaré contigo
por si necesitas
dejar que tu alma
descanse en mi cuerpo

¡Vuelve, compañera!
¡Vuelve de ese sueño!

Jordi Rueda Matau



jueves, 9 de julio de 2020

El viejo paraguas


Aún es útil el viejo paraguas. 
Cobija tu móvil del sol y de las rachas de lluvia
cuando necesitas releer su último mensaje.

Foto © Jordi Rueda.