sábado, 18 de noviembre de 2017

Primero fue la fantasía

Cuando un hombre primitivo pudo saciar el hambre con un pedazo de carne del gran animal que había apresado el día anterior y no tuvo necesidad de salir a cazar, aprovechó el primer momento de ocio de su vida para llenar su cabeza de imágenes que no había visto nunca. Así empezó la inteligencia.

Todo lo que los humanos somos lo debemos a haber desarrollado una gran capacidad para las fantasías. De ellas nacen las ideas de las que se derivan los grandes descubrimientos que han cambiado el mundo.

De noche, así, junto al fuego del hogar, viendo la danza sugerente de las llamas, sentimos la fascinación de los prehistóricos, aquellos que aprendieron a hablar para poder contar lo que llenaba su imaginación.


Jordi Rueda


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