sábado, 25 de marzo de 2017

Palomitas de maíz

Tuve una amante, novia, esposa,
que gustaba de ir al cine a comer palomitas.
Casi nunca me imponía la película a ver,
pero sí las palomitas, que hacía crujir
entre sus hermosos dientes
que lucía al girarse hacía mí
sonriéndome, no sé si por cariño
o para exhibir el placer que le causaba 
verme obligado a aceptar esas cositas suyas.
Era una muchacha esbelta y bella
que cuidaba su figura y, para ello,
su alimentación:
poca sal y poco azúcar.
Pero en el cine se sentía precisada
de tener en el regazo un envase de palomitas
y a veces, al lado, una bebida de soda.
Le daba lo mismo que acabáramos de salir
de un restaurante.
Nada más entrar al recinto del cine
se iba a la barra en que expendían las golosinas
y pedía palomitas,
--Deme el tamaño grande.
Y se giraba hacia mí.
--Son cinco euros, churri. ¿Tú no quieres?
--No, acabamos de comer.

También tuve otra novia
que pedía palomitas en el cine
y a veces la merienda y todo.
Pero ella, además, escogía las películas
y le gustaban las de acción
y gozaba viéndolas en esos cines de butacas anchísimas
para repantigarse o hasta sentarse en posición de loto.
Ahí, con los filmes de sonora acción
(la secuela de ‘Matrix’ la vimos cuatro veces,
aunque yo nunca acabé de entenderla)
apenas se escuchaba el crujir de las palomitas
y he de reconocer que yo también comía,
porque íbamos a la segunda sesión,
esa que echan a la hora del aperitivo vespertino.

Creo que lo de las palomitas es un vicio,
a veces divertido, como hacerlas en casa en la sartén.
Y en el cine, cuando las películas son incoherentes,
ayudan a pasar el rato. Con esa sal, 
a la salida apetece más tomarse una copa de cava.

El otro día fui al cine con una amiga que me dijo
Vamos al Comedia, nos cae cerca
y allí no hay palomitas,
no tendremos que soportar crujidos ni sorbetones
y podremos escuchar mejor la película.
Me pareció estupenda la propuesta de mi amiga encantadora.
Fuimos y disfrutamos de la película.
Había poca gente y era respetuosa. Con los teléfonos mudos,
como debe ser.

Lo malo fue al día siguiente, cuando leímos que ese cine
cerrará a fin de año.

Los tiempos cambian, es natural, 
pero alguien en esta ciudad debería elaborar
una lista de cines donde no se comieran
demasiadas palomitas.
Tendré que seguir recurriendo a mi adorable amiga.
Cuando salimos del cine el otro día
también nos fuimos a tomar una copa de cava
que nos supo muy bien;
mejor, seguramente, 
que si hubiéramos masticado palomitas.









PS.- Meses después hemos sabido que la cadena de cines Yelmo se hará cargo del Comedia. Es de celebrar, aunque ¿venderán palomitas?

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