lunes, 30 de enero de 2017

El alma de tu vientre

Tan solo dijiste unas palabras.
Te miré un instante, un breve instante,
y del vientre impetuoso de mi alma
surgió el deseo de alcanzar
el alma de tu vientre.

Ya en destino cometí la necedad
de querer permanecer,
de querer habitar el alma de tu vientre,
como si no supiera que las almas
las almas todas,
son ajenas;
incluso la propia,
que no es más que una noción confusa.

Y los vientres… todos los vientres de todas las mujeres
son acogedores por un tiempo, pero solo por un tiempo.

Me instalaré en tus ojos, quizá para siempre,
Pero en tu vientre, hermoso vientre,
estaremos de paso. Los dos.

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