jueves, 22 de diciembre de 2016

Pan tostado con aceite y sal

A estas horas no deberíamos estar despiertos.
Está amaneciendo.
El aire es fresco, pero se está bien en la galería.
La vela de citronela ahuyenta los insectos.
Tu mano fría se une a la mía.
Aun queda vino en la botella.
Levantaremos las copas.
Las primeras luces del día se reflejarán en el vino.
Tal vez su color parecerá el de la sangre
o el de los corazones que la bombean.
Los nuestros palpitan ahora acompasados.
Debemos apretarnos un poco para no sentir frío.
El tímido sol le da perfiles anaranjados a este vino de uva sirah.
Sigue contándome esa historia de la hija del comerciante de setas.
Estás inquieta.
Apriétate más.
Las copas están casi vacías.
¿Quieres más vino?
Ya casi es hora de tomar café.
Unas rebanadas de pan tostado con aceite y un poco de sal nos harán bien,
sean para acabar el vino o para empezar el café.
Nos harán bien.
Vamos a la cama.
Sí. Acabamos el café… y a la cama.
No nos develaremos. Dormiremos igualmente.
Pero me estás contando la historia…
Podemos acostarnos y terminas tu relato en la cama.
Prometo no besarte hasta que el vendedor de setas de tu historia
las haya vendido todas. A su hija le hace falta un ingreso extra
para establecerse en Barcelona.
Es una buena ilustradora y tiene ideas interesantes.
En la ciudad tendrá buenos contactos y porvenir.

Eres ingeniosa y tus trabajos son elegantes.
Los de la bodega aprobarán tus etiquetas.
Esa serie de viñetas es genial para singularizar sus botellas.
Al público joven le encantará.
Te pagarán bien y te pedirán más ilustraciones.
No necesitarás el dinero de tu padre.
Eso, al hombre, le aliviará. Este septiembre no ha llovido apenas
y la temporada de setas no será buena.

Se te cierran los ojos. Durmamos.


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